6/20/2013

El día que deseé empujar a una anciana


Después de horas de forzarme a permanecer en la pantalla del compu, leyendo posts de otros escritores y empeñada en encontrar un estímulo para escribir me he acordado de algo que tal vez merezca ser escrito. Es sobre el día que deseé empujar a una anciana. Si. Lo hice, pero levemente, de modo que ella sólo percibió mi más oscura intención. ¿Por qué? Porque me senté en una banca del Park-way a esperar a alguien, ni importa a quién, y la anciana al verme sola se me acercó y me preguntó: ¿solita? Ahya﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽ eso  al verme sola se me acercexlla sescrito. Es sobre el d vea televisian emocionadí ya empezó mal la cosa, odio el diminutivo y más si es aplicado a un estado tan solemne como la soledad, la anciana tenía una energía horrible, también tenía Parkinson. Yo ya me iba preparando mentalmente, pensaba: a ver qué quiere, será plata o quien sabe que cosa retorcida, cuando la anciana me pregunta: ¿Le han hablado del fin del mundo? al tiempo que me alcanza un folleto. Mi cerebro hace sus conexiones a una velocidad sorprendente y hay una palabra que aparece en mayúsculas y en rojo RELIGIÓN.

Me levanto fastidiada ¿es que no puedo sentarme tranquila en un parque, qué es ese irrespeto, cree que porque estoy sola puede acercárseme a convertirme a su religión? Me levanto, le doy un par de palmaditas en la espalda a la altura de los hombros, consciente de mi superioridad física aplico más fuerza de la necesaria. Le digo:

_No, si se trata de religión, no gracias, no me interesa la religión.

Me voy fastidiada. 

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