1/14/2013

No contestaré tus mensajes

Me escribe cada seis o siete meses, lo primero que me pregunta es cómo estoy. Lo nuestro terminó desastrosamente hace cinco años, el mismo tiempo que llevamos sin vernos. No ha dejado de viajar, siempre supe que le daba pánico establecerse, es incapaz, tiene un espíritu nómada, lo persigue un tormento que no lo deja estar quieto en ninguna parte, necesita ver cosas diferentes para huir de sí mismo, quizás no encuentra en su interior nada más interesante de lo que hay afuera en el mundo. Yo siempre le contesto y le digo que estoy bien, a veces le pregunto dónde está, últimamente se la pasa buceando en Malasia, a veces está en Melbourne, otras veces en la India, en Estambul o en algún pueblito de Turquía, en Indonesia…nunca se sabe dónde puede estar, puede ir adonde quiera cuando quiera. No se cansa de posar para fotos ni de tomarlas, tampoco de dormir en una cama diferente cada dos o tres días. 

Últimamente viajo mucho entonces después de preguntarme how‘re you o what’s up, me pregunta where’re you. Fine, le digo, and you. I’m in Bogotá. Me dice que está bien y me da el nombre de la ciudad o del país donde está. Una vez me contó que se había partido la clavícula al caerse de una motocicleta. El resto de veces siempre ha dicho que está bien, no tiene nada que contarme, me pregunta cuáles son mis planes, yo le cuento. Una vez estuvimos muy cerca el uno del otro, nos separaba sólo un día, yo estaba una ciudad más adelante, él estaría allí al día siguiente, habíamos hablado de tomarnos un café, pero no mostró mucho entusiasmo y yo me fui justo el día que él podría haber llegado. Qué pasaría si resultara que estamos en la misma ciudad y en el mismo hotel, creo que los dos saldríamos en seguida, si es posible disfrazados para no encontramos en el terminal o en el aeropuerto o en la estación de trenes. 

Estoy segura de que no entendió nunca cuál fue su error, no creo que haya logrado deshacerse de los celos que lo consumían como una enfermedad. Seguro sigue cargando con su tormento, un tormento antiquísimo que corre por su sangre y está en sus genes, el tormento de su pueblo, el tormento de todo musulmán. Seguirá viajando y llamándome cada seis meses a preguntarme cómo estoy para luego cortarme fríamente. No sé porqué siento la obligación de ser cortés con ese hombre, sus llamadas son mortalmente aburridas y breves, siempre hace las mismas preguntas y cuando intento que la conversación tome algún sentido huye. No volveremos a vernos nunca en la vida, la casualidad no va a ser tan cruel como para ponernos en el mismo lugar. No contestaré más sus mensajes.

1 comentario:

  1. es curioso como el desencuentro puede durar cinco años. extraño personaje tu ex, pero ya no llega a fascinante... creo

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