4/21/2010

El señor salmón

Era mi primera cena en Islandia cuando dije que me gustaba el salmón. Debido al intercambio que mis padres habían propiciado, viviría un año en Islandia con la familia de un pobre mortal que, como yo, viviría un año en mi país, cenaría con mis padres y mis hermanas, y dormiría en mi cama. ¿Qué sentido tenía todo eso? Hasta el día de hoy no lo he entendido y los recuerdos que conservo de aquel año son todos más o menos hilarantes. A veces me pregunto si esa determinación de mi familia para enviarme a Islandia obedecía a su profundo interés por la educación o si, más bien, querían deshacerse de mí para hacer algo que mi presencia de algún modo les habría impedido; podría ser también que les caía mal y estaban hartos de mí, pero no lo sentí así por aquella época. Estaba muy ilusionado con mi viaje a Islandia,eso es algo de lo que podrían dar fe los transeúntes que me vieron en el aeropuerto con mi sonrisa radiante y todo rebosante de ilusión.


Llegué a Islandia al atardecer, la familia me dio una bienvenida calurosa, dentro de lo que puede ser caluroso en un país como Islandia. Fue una noche agitada, no sólo por las expectativas que traía sino por el mutuo deseo de agradarnos y caernos bien, lo que provocaba un exceso de cortesía que siempre me ha afectado los nervios. Para cenar había salmón; queriendo mostrar mi agrado por la comida y con el deseo de hacer alguna revelación sincera que contribuyera a fundar una buena comunicación, dije, haciendo uso de todos los gestos afirmativos necesarios para reforzar mis palabras: Me encanta el salmón. Su reacción no fue la que yo esperaba, hubo un breve silencio en el que me miraron con gesto de burla o de mal disimulada hipocresía, tras el cual me preguntaron ¿Te gusta el salmón? Me encanta.


Era verdad que me gustaba, en mi país de origen era muy costoso y un tanto difícil de conseguir, pero yo acostumbraba comer salmón el día que recibía mi humilde paga mensual, iba a un buen restaurante o compraba y lo llevaba a la casa, donde hacía alguna receta especial, salmón a la lima o salmón a las uvas del Vinalopó. ¡Vaya-exclamaron- así es que te gusta el salmón, pues aquí hay un montón! Debido a este episodio, el niño menor de la familia me llamó señor salmón durante todo el tiempo que viví en Islandia. Comí salmón una y otra vez, todos los días.Conocí la mantequilla de salmón y no me pareció mal al principio. El primer mes lo disfruté, después ese gusto empezó a disminuir, pero cuando, cada 20 días, el señor de la casa me preguntaba: Y…dime. ¿Te sigue gustando el salmón? Yo decía que sí.


No estaba seguro de que me conviniera decir lo contrario porque, gracias a eso, me había vuelto muy popular; en las fiestas oía que decían a mis espaldas, ese es el chico al que le gusta el salmón. Cuando alguna de mis “hermanas” me presentaba, sus amigos me decían: tú eres el del salmón ¿te gusta no?


El tema empezó a cansarme, al principio me reía, pero luego me pareció excesivo. Además el salmón ya me sabía a cacho, había salmón todos los días. ¡Todos los santos días!. En todas sus variedades. Empecé a odiarlo con todas mis fuerzas y no pude entender cómo había podido decirle eso.


Mi estadía en Islandia no fue particularmente grata, a menudo me imaginaba al islandés, sentado a la mesa de mi casa, comiendo patacones con guiso, o bocadillo de guayaba con queso, era entonces cuando me entraba una rabia irrefrenable. Me puse muy irritable y sólo soñaba con el momento de regresar, me empezó a entrar la angustia de que algo sucediera y se perpetuara o se frustrara para siempre el intercambio y el islandés siguiera tomando chocolate con queso en mi país de origen, mientras yo continuaba en Islandia comiendo salmón y siendo llamado: señor salmón.


Pero, como cabía esperarse, mis miedos eran exagerados y todo volvió a la normalidad, luego de un año de haber vivido una estrecha y conflictiva relación con el salmón. Mis padres han tenido que oír esta historia infinidad de veces, sobre todo al principio, cuando recién había llegado, y todos me interrogaban sobre Islandia.

2 comentarios:

  1. Buenas tardes

    Con permiso


    No te imaginas como me encanta leerte. No te imaginas el vinculo que han creado tus palabras con mi parte mas...interna, digamos...Es como si entraras a la sala de mi casa y nos tomaramos un cafe y hablaramos de escribir y me dejaras ideas. Gracias.

    Para mi el salmon significa ese otro yo que llevamos dentro. El que esgrimimos siempre para tratar de dar una impresion, para encajar, para que la gente piense de nosotros algo que en muchas ocasiones no somos. Pero ese otro yo en algun momento cobra vida propia y nos opaca. Entonces por nuestra propia culpa hemos sido encasillados y casi detestamos el habernos mostrado de esa manera. Porque no somos asi en realidad.Islandia puede ser esos circulos sociales donde transitamos y en donde a veces detestamos estar, pero no sabemos por que estamos ahi metidos. Y entonces sentimos envidia de ese islandes qu esta en nuestra casa, que no es otro que nuestro verdadero yo. Tranquilo, sin preocupaciones, seguro, tal cual es, en la comodidad de nuestra cama, y que no tiene necesidad de fingir. Nadie finge cuando esta solo en su cama a punto de quedarse dormido...Luego nos damos cuenta que exageramos un poquito con todo esto y empezamos de nuevo el circulo vicioso...Y la gente siempre quiere saber en donde y con quienes hemos estado y uno cuenta la misma historia siempre, como propia, sabiendo que en el fondo, era otro yo el que estaba ahi, no nosotros...

    ¿Ves? Por eso es que siempre me raje en el colegio con la comprension de lectura. No le doy a una!!!!....Soy un tonto. Tengo que aprender a leer....algun dia

    UN ABRAZO SALMONADO
    STAROSTA
    (UN PRODUCTO DE TU IMAGINACION)

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  2. Pues no me parece tan descabellada tu interpretación, mientras lo escribía pensaba que ese islandés que estaba en Colombia no existía en realidad y era sólo una "materialización" de su nostalgia, o que todo no era nada más que un sueño, sin embargo no quise insinuarlo o decirlo claramente, quise que fuera una historia completamente verídica y real, pues en realidad no importa si él dice la verdad o no, todo es muy absurdo como para que importe.

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